Domingo 20º Tiempo ordinario: "Señor, ten compasión de mí"
Señor, ten compasión de mí. Es el grito de una persona que necesita de auxilio. Un grito que parece que Jesús al principio parece no escuchar, un grito que en muchos casos, nosotros, como Iglesia, nos cuesta escuchar. Y el problema no está en no escucharlo la primera vez, sino el desatender esa petición una vez que nos hemos dado cuenta. El problema está cuando ponemos filtros, cuando decidimos quiénes son los que tienen derecho o no a obtener de nuestra ayuda.
Hemos de seguir construyendo una Iglesia que ofrezca comida para todos y que llegue para todos. Una Iglesia, que, como sabemos, comienza con nuestra vida: no quitarnos de encima a los que nos piden, gritan o sufren porque "molestan; saber acoger las peticiones de quienes también son hijos de Dios: inmigrantes, marginados, desahuciados, divorciados, acosados y/o agredidos, ateos e indiferentes... La mujer cananea acude con fe a Jesús, porque confía en Él. Que la gente pueda acudir a nosotros, a la Iglesia, porque sabe que en nosotros encontrará la ayuda y auxilio necesarios para su vida.
Ponte la mascarilla, pero límpiate bien los oídos para saber escuchar...




