Domingo 30º Tiempo Ordinario: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón"
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón. Cuando leí este Evangelio, antes de comenzar a escribir estas letras, me acordaba de esas palabras de san Francisco de Asís que escribe en la Primera Regla, haciendo referencia a este texto: Amemos todos con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todas las fuerzas, con todo el esfuerzo, con todo el afecto, con todas las entrañas, con todos los deseos..., dejando bien claro a los hermanos la importancia que tiene para nuestra vida el amor.
Y es que la palabra AMOR parece que la hemos vaciado de contenido o significado, y la hemos dejado para pancartas, canciones y eslogans; pero poco hemos parado a pensar en la importancia y lo que realmente debería repercutir en nuestras vidas, amar a Dios, amar al prójimo y... ¡atención! amarse a sí mismo. Porque este amor que nos propone Jesús, tiene que ser (permitidme esta pequeña clase de matemáticas) como un triángulo equilátero, donde todas sus partes tienen que ser iguales: amar a Dios, amar al prójimo, y amarse a sí mismo, en la misma proporción, intensidad, fuerza, afecto... Sí, sí, estoy parafraseando a san Francisco...
En la medida en que nos demos cuenta que nuestro amor a Dios implica en amar al "petardo" de turno, al que me molesta, al que no me agrada, al que no comparte mis opiniones, ideologías..., e implica amarme tal y como soy, con mis luces y mis sombras (porque te recuerdo que Dios te ama TAL Y COMO ERES); sólo entonces nuestra vida y la vida de los demás empezará a llenarse de esa felicidad que tanto quiere para nosotros ese Dios que tanto nos ama.




